LA CRISIS ESTATAL EN CHILE

Establecer qué tipo de crisis afecta el orden político-institucional chileno es condición para avanzar no sólo en la búsqueda de soluciones para su recuperación, sino para promover una acertada acción política orientada a tal propósito.

El Estado chileno enfrenta una severa crisis de legitimidad, parte de sus instituciones y de las actividades que las gobiernan -hombres y mujeres- presentes en el Poder Ejecutivo y Legislativo, cuentan con bajos niveles de credibilidad o confianza social, a la vez que parte considerable de los apoyos intelectuales que han servido de soportes ideológicos se han replegado, dejando a la sociedad civil ad portas de dar paso a cambios paradigmáticos en el Chile de posdictadura. Develar la naturaleza de la crisis que se vive es una condición mínima de satisfacción para avanzar a una nueva etapa en la recuperación de una nueva estatalidad democrática.

Una crisis político-institucional alude a carencia de estabilidad sistémica donde sus componentes no interactúan de acuerdo a comportamientos presumidos. En este caso, los conductores del Estado adolecen de niveles de aprobación social razonables y su condición de legitimidad es precaria y altamente volátil. Su aparente fortaleza se afinca en una racionalidad legal que se cree impera extendidamente como factor de legitimación social; no obstante, se trata de una forma de ficción que se limita a la reproducción de un orden estatal. La ciudadanía, por otra parte, se sabe cautiva de una institucionalidad heredada de un orden dictatorial y aun cuando incrementa sus niveles de escisión frente al bloque político en el poder, no encuentra caminos ciertos que permitan poner término al prolongado fin del ciclo iniciado en la segunda mitad del siglo XX, tras la instalación de una dictadura liberal, en 1973.
Esta forma de crisis, que en su momento Lenin denominó "nacional" o "revolucionaria", o Gramsci, "orgánica", suponían la presencia de una "vanguardia", de una nueva voluntad colectiva nacional popular, y de condiciones subjetivas o de confianza social en la posibilidad del cambio. En el contexto de entonces, se jugaban apuestas de transformación estructural, como ocurrió con la instalación del orden soviético con el triunfo bolchevique, hecho que no ocurrió en la Italia fascista. Pero era una época de "vanguardias", de sujetos portadores del cambio social y la redención de los pobres del campo y la ciudad. Era otro tiempo.
¿Qué hacer hoy de cara a una crisis política, con sistemas erosionados, carencia de doctrinas políticas o ideologías movilizadoras y sin sujetos transformadores?
La crisis política que vive el Estado en Chile será resuelta en uno u otro sentido, vale decir, las fuerzas político-materiales sostenedoras del modelo societal vigente, podrán renovar su poder, sea mediante la argucia y el abuso, la invocación al miedo o al caos, o los nuevos grupos sociales emergentes liderarán las soluciones y representarán la nueva voluntad nacional. La cuestión crucial exige responder a la pregunta por el tipo de crisis que se vive, haciendo uso del material histórico y de la emergencia de las nuevas formas de interacción socio-estatales en curso.
Lo que aparece como decisivo es la existencia de una vocación transformadora y de convicciones que se sometan a las más duras pruebas para demostrar su corrección y la posibilidad de remover los obstáculos que separan lo viejo de lo nuevo.

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