ASAMBLEA CONSTITUYENTE DESPUES DE BACHELET

El inicio de las manifestaciones estudiantiles y ciudadanas en demanda de un nuevo orden institucional para Chile, que excede las reivindicaciones parciales levantadas en el inicio de la lucha democrática por el movimiento estudiantil en 2006, y que son herederas de la continuidad histórica antipinochetista, apuntan en una dirección cuyo centro está en la recuperación de la República y una nueva democracia con protagonismo cívico.

Tras los escándalos de corrupción que sacuden a parte importante de la élite política y empresarial, ha quedado en evidencia para la mayoría social que se vive bajo un orden de privilegios para unos pocos, y donde los actores políticos han dejado de representar intereses sociales, quedando la convicción de que los esfuerzos por poner fin a los amarres de la dictadura y las falsas promesas de los gobiernos concertacionistas y posterior de la Nueva Mayoría, son inconducentes para alcanzar una democracia de derechos y niveles superiores de justicia social y libertad.

La sociedad civil chilena deberá enfrentar la descomposición del orden político con firmeza y generosidad, teniendo presente que alcanzar un gobierno representativo de la voluntad mayoritaria del pueblo y no de intereses político-partidistas o de clanes empresariales, será un camino que demandará trabajo, disciplina y valor. Asimismo, deberá estar alerta a los cantos de sirena que surgirán y llamarán a disfrutar de falsos diálogos y acuerdos para los cuales no existe voluntad pues los intereses están claramente en otros lados.

En consecuencia, deben darse una serie de pasos que hagan viable una estrategia ciudadana para recuperar el poder político gubernamental para la mayoría :

1. Constitución de una coalición democrática integrada por movimientos sociales regionales y locales, actores políticos no gubernamentales, organizaciones sociales, agrupaciones ciudadanas, que expresen una genuina voluntad de avanzar hacia un proceso de recuperación democrática y republicana, que se oponga al continuismo de los actuales gobernantes, y se proponga la conquista de un gobierno democrático.

2. Aquella coalición debe ser nacional, programática y constituyente. Ella debe conformarse en una plataforma o movimiento nacional que se avoque a tres tareas centrales: a) constitución de un partido ciudadano que acoja a la diversidad social no representada en los partidos políticos del siglo pasado, así como establezca relaciones con los nuevos agrupamientos políticos que han surgido de la crisis que vive Chile, b) levantar un programa de gobierno con participación de la sociedad civil chilena que establezca acuerdos vinculantes para todos quienes se proyecten como líderes del mismo a nivel local, regional o nacional, y c) iniciar una campaña por la asamblea constituyente, cuya materialización deba expresarse una vez alcanzado el gobierno de transición hacia una democracia participativa.

¿Porqué aceptar como válidas propuestas que se propongan desde el poder legislativo o ejecutivo, cuando la mayor parte de la ciudadanía ha perdido credibilidad y su legitimidad se encuentra severamente cuestionada? ¿Porqué aceptar transitar hacia un nuevo acuerdo sobre un proceso constituyente si las bases del sistema político están horadadas?

No existen condiciones ni garantías hoy para la ocurrencia de tan importantes procesos para el país. La asamblea constituyente o el formato que adopte la sociedad chilena para dotarse de un nuevo contrato social debe ser llevado adelante bajo nuevas condiciones de legalidad y legitimidad democráticas. De lo contrario, se corre el riesgo de prolongar la larga posdictadura y no cerrar el prolongado proceso de gobiernos al servicio de minorías nacionales y transnacionales.

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